26/12/2009
La innovación es una fábrica de nuevos perfiles profesionales. Ahora lo que se reclama son “Ingenieros en Algoritmos Gestuales”. Basta con revisar la sección de empleo de Apple. ¿Quién buscaba hace un año un “Ingeniero en Algoritmos Gestuales”? Pues ahora puede que no haya suficientes en el mercado.
Es muy ilustrativo conocer la historia y motivación que llevaron a Apple a impulsar la patente Keystroke Tactility Arrangement on a Smooth Touch Surface. Puede leerse una breve síntesis en “Apple sigue buscando la forma de encontrar retroalimentación en un teclado táctil” de donde entresaco las siguientes líneas:

El foco que ha convertido esta línea de innovación en algo interesante se debe a su alineación con algo de mucha actualidad: “el modo en el que el usuario se relaciona con el actual interfaz del iPhone y el iPod Touch, mezclando el tecleado con la gestualidad y el uso de un puntero en un único accesorio de escritorio”. Se derivan abundantes ventajas “como la eliminación de la necesidad de disponer de un ratón como un dispositivo de puntero, eliminado el tiempo perdido en los viajes entre el teclado y el dispositivo apuntador, mejorando así el flujo de trabajo”. Pero resulta que “las necesidades del uso de un puntero y el de un teclado son opuestas”. Un puntero y la gestualidad requieren la superficie mas suave posible, pero un teclado necesita generalmente retroalimentación táctil, que ayuda a los usuarios a encontrar las teclas y distinguirlas”.
Alguien nos podría preguntar qué necesidad tiene la ciencia de complicarse tanto la vida. Que se lo pregunten a Wayne Westerman que muchos años antes de entrar en Apple nos cuenta su inspiración:
“Tenía un problema ergonómico (sufría tendinitis) y lo uní a mi motivación” (…) Siempre había sentido que el tocar piano era mucho más grácil y expresivo que usar un teclado de ordenador, y pensé que sería genial si llevara parte de esa expresión del piano a los ordenadores”.
Superó la tendinitis, en parte, gracias a la tecnología sensible al tacto. Esto es lo que me interesa de este artículo. La causa de la causa de la causa de todo este proceso. Un problema físico y una inspiración: ¿quién le iba a decir al lesionado Westerman en 1998, cuando fundó Fingerworks, que acabaría provocando un perfil profesional? No lo necesitó porque tenía lo importante en suficientes dosis:
- Una necesidad (un problema)
- Y una inspiración (una actitud)
En un artículo de 2008 Westerman cuenta cómo se inicio su interés por las interfaces multitáctiles. A partir de ahí, todo fue innovación y no siempre existosa. Pero 11 años después, su knowhow –observando las tendencias de las interfaces– puede convertirse en una mina de oro por el impacto que este avance posiblemente tenga a la hora de decidirse por un dispositivo u otro.
Conclusión: para innovar se requiere –al menos– tener un problema, recibir una inspiración y, también, armarse de paciencia.
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21/12/2009
¿Y si la tierra no es plana…? ¿Y si la tierra no es plana? ¿Y si…? ¿Y si… tantas cosas que damos por inamovibles realmente no lo fueran? Insisto y concreto: ¿Y si existiera otro concepto de empresa? ¿Otros esquemas contractuales, diferentes a los contratos de toda la vida? ¿Unos horarios diferentes? ¿Legislaciones en las que el Estado no tuviera que decirnos qué papeles hay que rellenar? ¿Una fiscalidad menos inquisitiva?

Pues gracias a Amalio A. Rey he visto que existe uno de mis sueños dorados, que es posible o que se le acerca bastante. En los post 125 y 126 de su blog nos habla de Craigslist, una movida (no me atrevo a llamarlo empresa) que rompe los moldes por varios frentes.
Me he consolado con el hallazgo y he profundizado un poco más en el concepto de “innovación abierta”. ¿Por qué? Porque de forma diferente, por caminos no trillados, esta marca consigue lo que anhelan todas: rentabilidad, posicionamiento, personalidad y liderar –quizá inconscientemente– un cambio hacia lo desconocido… hacia una zona de penumbra que, paradójicamente, apunta maneras de convertirse en un oasis en cuanto a organigramas y procesos organizativos.
Puntos de Craigslist en los que merece la pena fijarse (porque no se trata de repetir a Amalio A. Rey sino de generar tráfico hacia su blog en agradecimiento por el descubrimiento):
- Una pequeña idea puede acabar siendo una gran idea
- Existen valores más allá de los “valores rebaño”
- Lo empresarial y lo social son lo mismo
- Es bueno que los visionarios sean malos gestores (Steve Jobs ya lo demostró sobradamente)
- Los usuarios son los que mandan: pero aquí es de verdad
- Las infinitas ventajas del descontrol bien entendido
- La gestión del talento es autogestión
- Un marketing alineado bajo el concepto “la arruga es bella”
En fin, un par de artículos de los que podemos aprender a iniciar, cambiar y rectificar muchos aspectos de toda organización en la que el ser humano ande por medio.
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18/12/2009
Aún no sé cómo he acabado en una especie de ruleta rusa que Roberto Carreras describe muy bien en ¿Qué es una marca para ti? El caso es que de un día para otro me llega de MaJesús Alonso (vía twitter) la onda del reto para responder a esta pregunta tan sugerente como ardua. Y nos mete en el mismo saco a Carmen Bustos y a Francesc Grau para asegurar la sana competencia. Bien, para un blog dedicado a innovación, es un buen comienzo.
Pregunta: ¿Qué es una marca para mí?
Respuesta: Considero que la marca es el “ADN” de las organizaciones. Es el intangible de los intangibles. Por eso es tan difícil de definir. Soy consciente de que no he dado una definición sino una metáfora. Y daré otra más para acotar el tema. La marca es el “software” que permite que fluyan los valores de la organización.
Sigo en plan esquématico para perfilar el concepto de lo que son las marcas para mí:
- Organizaciones en lugar de empresas: cada vez más prescindo de la palabra empresa porque creo que es restrictivo. Toda empresa es (o debería ser) una organización. Mientras que toda organización –incluso las no lucrativas– implica “ser marca”. Desde una perspectiva de innovación abierta, ¿no están cambiando los modos de organizarse? Conste que no me alejo del tema.
- No es tanto “lo que es” la marca como lo que “debería ser” o cómo tendría que “moverse”. Parto de la base de que toda organización –por el hecho de constituirse y empezar su actividad– ya es una marca. El resto se reduce (o se amplía) a cómo convendría desplegar su misión y valores en su entorno natural.
- Estas son mis propuestas de cómo tendría que comportarse una marca de verdad:
- Consistente: la marca debe ser sólida, coherente. Y sigo con símiles: nadie piensa que la sangre de la cabeza sea diferente a la de los brazos. La marca consistente “viaja” bien, es la misma esté donde esté. Es fácil de reconocer.
- Flexible: es la capacidad de amoldarse al cambio cada vez más rápido y frecuente. Digamos que la marea sube y baja –eso es conocido– pero no sabemos qué horario tiene. Otro ejemplo gráfico para quien le sirva.
- Transpirante: término que acabo de inventar pero que me ayuda a expresar esa cualidad imprescindible en toda organización: capacidad para “escuchar” y “hablar” simultánemente.
El concepto vigente hasta hace unos años de que las marcas se conforman de dentro hacia afuera, está más que caduco. Las marcas nacen y luego van creciendo simultáneamente entre “lo de dentro” y “lo de fuera”.
En realidad ya no existen los bandos “dentro” y “fuera”. Los clientes, los proveedores, los empleados (del primero al último en los tres casos) construyen o destruyen la marca. ¿Qué más da si están “dentro” o “fuera”?
Acabo parafraseanado a Einsten: “La marcas ni se crean ni se destruyen, se transforman”. Las marcas que funcionan, se entiende.
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14/12/2009
“Cuando el pasado 3 de agosto hice clic con mi Nikon D40X para captar la imagen de Westminster Abbey, no sabía que acabaría ocupando un puesto de honor en la prestigiosa guía turística Schmap London Ninth Edition (también en su versión del iPhone).
Ahora soy un aficionado a la fotografía doblemente feliz. Primero por el honor de la elección. Y también porque el email de notificación que recibí de Emma J. Williams (Managing Editor, Schmap Guides) no lo esperaba ni por asomo. El caso es que parece ser que me he convertido “por accidente” en un fotógrafo “famosillo”.
¿Por accidente? Pues sí y no. ¿Fue casualidad que hace un par de años decidiera invertir en un equipo de fotografía semiprofesional? ¿Es pura suerte empezar a disparar aunque la ignorancia sea mayor que los conocimientos y la experiencia? ¿Es fortuito que empezará a subir y etiquetar fotografías en flickr este verano? ¿Seguro que no podría haber elegido temas algo más originales que la típica foto de la famosa fachada de una de las abadías más conocidas del mundo? ¿Es chamba que mi nick –JuliuShoot– suene así de bien? No lo sé.
Lo que sí sé es que “sin querer” hoy puedo ofrecer mis servicios fotográficos con una tarifa determinada que va desde 0€ (como es el caso de la Schmap London) hasta lo que dé de sí la implacable ley de la oferta y la demanda. Ayer, sin embargo, ni me lo planteaba. De hecho, estoy colaborando con Yorokobu, gracias a Mar Abad, aplicando la antiquísima fórmula del trueque: “yo te doy algo que no tienes a cambio de algo tuyo que a mí me interesa”. Creatividad (textos y fotografía) a cambio de visibilidad (incremento de caché). Por eso yo ahora publico todo esto en mi blog y en mi canal de Twitter y en Facebook y en Linkedin… y los que andan por ahí, lo comentan y lo difunden si les apetece o les caigo bien.
¿Para qué? ¿Para ser famoso? No, la fama como tal, no vale nada. La fama que abre nichos de mercado, eso es otra cosa. Si existe valor añadido, llegará el dinero. Si no, jamás. Si sonara mi móvil para un encargo fotográfico, estaría entrando en un negocio nuevo (para mí): innovación en mi particular modelo de negocio. Probablemente, en este caso, la tarifa no sería ni de 0€, ni de trueque.
Todo esto me recuerda al laberinto que tiene atrapados a los artistas y su caduco modelo de negocio. Gente con talento, sin duda, pero que han vivido durante demasiado tiempo de las rentas.
¿Alguien cree que un puñado de fotos como la de Westminster Abbey me permitiría una jubilación anticipada?
Pues eso. Hay que seguir innovando.
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06/12/2009
Después de pasar por la innosfera me sentí ampliamente recompensado por varias motivos.
- Por la atenta mirada de quienes asistieron
- Por la calidad de los otros dos ponentes: Carmen Bustos y Dioni Nespral
- Por algunos detalles que iban en una bolsa de la UOC como libros y un ejemplar de su revista uoc papers con temas más que interesantes.
Y dentro de la revista una entrevista a Howard Rheingold. Que nadie se preocupe: yo tampoco sabía de su existencia. Mi ignorancia me facilitó empezar a leer sin prejuicios y plenamente confiado. Eso sí, enseguida me di cuenta de que sus intuiciones me iban cautivando. Fue la intuición –esa parte de la innovación tan reacia a la métrica– la que funcionó como motor de arranque.
¿Qué vende este señor? Se dedica a las Multitudes inteligentes (“Smart mobs: The next social revolution”, 2002). ¡Cómo me acordé de Alicia Chavero en la primera edición de innosfera! Para que nadie se impaciente, me apresuro a transcribir la respuesta del bueno de Howard a la pregunta más obvia: ¿Qué son las multitudes inteligentes?
“Las multitudes inteligentes son pequeños o grandes grupos de personas capaces de organizar colectivamente unas actividades económicas, políticas, sociales o culturales de maneras que antes no podrían haber llevado a cabo. Pueden concertar acciones con personas con las que antes no se podían coordinar, en lugares donde antes no podían reunirse y a un ritmo que antes no podían imponer”.
A partir de esta definición aparentemente poco disruptiva va desgranando consecuencias prácticas y cotidianas en los mundos de la sociología, la educación, la política… Resume con frase lapidaria, irónica y de semántica poliédrica: “si aprendemos a aprender, podemos sobrevivir, y tal vez incluso prosperar”.
Y otra: “cualquiera puede publicar en internet, lo cual no deja de ser liberador y muy valioso, aunque también supone que la responsabilidad de juzgar la validez de un texto no recae en el autor ni en el editor, sino en el lector”. Sencillamente genial, giro copernicano.
Y acaba presentándonos el proyecto Social Media Classroom (Aula de medios sociales): integración de todos los medios (foros, wikis, blogs„) en una interfaz para enseñar/aprender geografía, historia, matemáticas…
Todo esto me lleva a uno de mis conceptos favoritos: “La innovación abierta”, que me gusta definir como “una mente abierta a otras mentes”.
Más de Howard R.: vlog | Tools for Thought: The History and Future of Mind-Expand | The Virtual Community
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