20/11/2011
Avanzada la lectura de la biografía oficial sobre Steve Jobs, escrita y publicada recientemente por Walter Isaacson, me animo a publicar este post que empecé a escribir justo el día siguiente a su fallecimiento el pasado 5 de octubre. En un blog como este, dedicado a la innovación, no podía no dedicar un artículo a tan memorable personaje que –independientemente de las filias y fobias que desató a su alrededor– nos ha dejado una huella imprescindible a quienes andamos metidos en procesos innovadores.

Daniel H. Pink analiza en Una nueva mente (A whole new mind) las seis habilidades que definen el talento innovador del presente y el futuro de las personas y, como consecuencia, de las empresas y organizaciones. Las seis destrezas que describe Pink son las siguientes:
- Diseño: queremos que las cosas funcionen pero también deseamos que sean emocionalmente atractivas.
- Narrativa: los argumentos, la información, los datos son importantes, pero la persuasión, la comunicación y la comprensión, muchas veces son lo decisivo.
- Sinfonía: las especializaciones poseen un valor indudable, pero quien logra sincronizarlas es el vencedor definitivo. Hoy por hoy, la capacidad de síntesis precede al simple análisis.
- Empatía: es obvio que la lógica nos identifica como seres humanos; sin embargo, solo quienes sean capaces de conectar con los demás por su capacidad de relacionarse y comprensión, progresarán hasta alcanzar el liderazgo necesario.
- Juego: nadie duda de que el trabajo hay que tomárselo en serio; pero este axioma llevado al extremo puede perjudicar el bienestar personal y de las organizaciones. Lo lúdico se ha convertido en una potente arma en el aprendizaje de las personas y a la hora de extraer lo mejor de cada una.
- Sentido: la acumulación de objetos y la abundancia material son una realidad incuestionable; un hecho que puede volverse contra nosotros cuando la mera suma de cosas nos arrebata la plenitud del sentido que aspiramos dar a nuestros intereses vitales.
Es sorprendente cómo han cristalizado en Apple –en productos, servicios y en la propia organización– estas notas distintivas que, además, reflejan la personalidad y el talento de su fundador:
- Diseño: probablemente sea este uno de los rasgos más emblemáticos de Apple que aplica indistintamente al hardware, al software, a las tiendas… Bonitos objetos e interfaces… que, además, funcionan.
- Narrativa: las famosas keynote de Apple son ejemplos de cómo contar (comunicar) persuasivamente realidades complejas. Las presentaciones protagonizadas por Steve Jobs son ejemplos que se estudian en escuelas de negocio y por expertos de la comunicación. ¿Qué es el famoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford sino una historia –la de los principales fracasos de su vida– de donde podemos entresacar sabios consejos?
- Sinfonía: si algo está haciendo Apple mejor que nadie es alinear productos y negocios: software, dispositivos, entretenimiento, trabajo, medios de comunicación, tiendas, movilidad… un modelo de negocio tan perfectamente engrasado que quizá sea el talón de Aquiles de la numerosa y variada competencia que intenta acortar distancias sin suficiente éxito de momento.
- Empatía: nos guste a no, el ecosistema de Apple engatusa. No conozco ningún arrepentido que voluntariamente haya entrado en el mundo de Apple. No digo que no existan, pero deben de ser tan pocos que resulta una cifra desdeñable. De lo contrario –nuevos usuarios felicísimos de su decisión– no dejo de encontrármelos por todas partes.
- Juego: utilizar un producto de la manzana para algunos es un verdadero placer; ya sea por el diseño o por la sencillez, muchas personas no se apartan de su iPod, iPad o iPhone, sencillamente porque están disfrutando. Las múltiples aplicaciones con juegos didácticos son el paradigma de cómo lo lúdico ha entrado en la formación de niños, jóvenes, adultos y profesionales, directivos incluidos.
- Sentido: en general, Apple dedica mucho empeño en que sus “inventos” tengan sentido global: valor para el usuario y para el negocio. Lo absurdo no cuela. Regalar sin más no encaja en su filosofía. El mejor ejemplo es la tienda iTunes: cuando el pirateo minaba un sector obsoleto por el abuso de la industria discográfica, Apple escuchó a ambas partes e inventó lo razonable: cobrar y pagar lo justo.
Daniel H. Pink despliega la potencia de estas seis cualidades para combatir la presencia en el panorama mundial de tres peligros que empiezan con “A” de Amenaza:
- Automatización o proceso de producción donde “lo maquinal” se impone al tradicional valor añadido de “lo humano”.
- Abundancia o saturación de los mercados avanzados donde una gran mayoría de la población no sabe qué hacer con lo acumulado tras el crecimiento constante.
- Asia o la imagen paradigmática de lo que significa unos costes de producción ridículos hasta poner entre las cuerdas a los mercados occidentales.
Es decir, Pink nos señala la salida de esta coyuntura crítica de atasco innovador. Nos sugiere sumar la parte izquierda del cerebro –secuencial y lógica– a los poderes del lado derecho –emocional y empático– para crear una mente única, no bicéfala sino diferente, difícil de copiar porque cuenta con habilidades más artísticas que racionales. No es sustituir el lado izquierdo por el derecho sino unirlos.
Lo curioso de todo esto es comprobar cómo en la vida de Steve Jobs se produjo este mismo proceso pero en el orden inverso. En la primera época de Apple, antes de ser expulsado por John Sculley, su capacidad creativa y la visión del usuario desbordó de tal manera a la propia organización que incluso el mismo negocio comenzó a tambalearse. Sin embargo, fue justamente tras su vuelta en los años noventa cuando emerge el Steve Jobs frío y calculador que alinea productos y negocio magistralmente. Sin sacrificar en ningún momento la innovación, todo lo contrario, se potencia aún más al engarzar la fértil creatividad de los primeros años de Apple con la máquina de hacer dinero de comienzos de siglo.

Firma de Steve Jobs
Steve Jobs fue una mente única [a whole new mind] que logró transplantar su visión a la organización de Apple. Lo que suceda en el futuro ya no está en su mano. Él hizo lo que quiso hacer y, siguiendo su propuesta de Stanford, comprobamos cómo al unir los puntos hacia atrás nos encontramos los valores que acompañan a los grandes talentos de la innovación.
Publicado en actualidad, conocimiento, empresa, ideas ajenas, innovación, trabajo.
Etiquetado como apple, Daniel H. Pink, diseño, empatía, innovación, innovation, johnsculley, juego, narrativa, sentido, sinfonía, stanford university, steve jobs, walter isaacson.
02/09/2011
¿Conoces esta reciente carta de PepePhone enviada a sus clientes? Conmino a leerla antes de seguir porque, por fin, una empresa –Pepephone, en este caso– entiende y aplica aquello de que “el cliente es lo primero”. Incluso se adelanta a sus posibles reclamaciones. Asumen de forma palmaria que “el servicio al cliente” no es “servirse del cliente”, como suelen interpretar la mayoría de las compañías.

Yo mismo apoyando una marca
Esta carta es el detonante del enfoque disruptivo en la atención al cliente que plasmo en este artículo. Empecé discurriendo sobre qué pasaría si cambiáramos los papeles en las relaciones proveedor-cliente dentro del sector del gran consumo.
Las empresas suelen solicitar la opinión a los consumidores sobre el servicio/producto que ofrecen deslizado en el cuestionario o la entrevista este sugerente argumento: su punto de vista nos será de gran utilidad para mejorar… Lo agradecen y –lo que me parece más interesante– reconocen implícitamente el valor de nuestra experiencia en relación con su marca.
Por mi visión marketiniana de los negocios pensaba hasta ahora que esta práctica formaba parte del diálogo (algo utópico, quizá) que las empresas dicen mantener con sus clientes. El marketing directo y el telemarketing establecieron las bases; la informática aceleró el proceso hasta la inmediatez que propicia internet actualmente. Las redes sociales han añadido una sutil presencia, más contextual y menos intrusiva.
Sigo creyendo en ese diálogo, incluso más que antes. Lo que ha cambiado es mi visión acerca del sentido de la contraprestación:
¿Mi opinión tiene un valor para ti, empresa, que se supone que quieres mejorar tu servicio/producto? ¿Reconoces que lo que pensemos los consumidores afecta a tu negocio? Pues págalo.
Los modelos actuales de recabar datos se reduce realmente a dos:
- Contratar una empresa que realiza encuestas, entrevistas, focus groups… utilizando una muestra supuestamente seleccionada para que el resultado sea lo más científico posible. En algunos casos se abona una pequeña cantidad a los “conejillos de indias” que han formado parte del experimento y, en otros, se les invita a un sencillo aperitivo.
- Pasar la mano por el lomo al cliente haciéndole ver que él es el centro del universo para acabar preguntándole cómo va “lo nuestro”. Casi no tiene coste porque, periódicamente y de forma inexcusable, los clientes se cruzan en el camino de la compañía: para pagar, para resolver problemas, para aclarar dudas, para reclamar sus derechos… Las respuestas a los cuestionarios suelen ser más sinceras que en el anterior método de encuesta inducida, porque la gente cree que no tiene nada que perder y a cambio espera ganar mucho o algo, tarde o temprano.
Mi propuesta copernicana incide sobre dos aspectos: las opiniones de los clientes y el tiempo que conlleva transmitirlas tienen un valor que se puede monetizar perfectamente. ¿Por qué no? La misma energía que movió a PepePhone a redactar y enviar su revolucionaria carta, es la que justifica lo que planteo.
Más de uno pensará que para eso están las asociaciones de defensa del consumidor. No. No estoy hablando a los usuarios: me dirijo a los departamentos de innovación/marketing de las empresas.
¿Han probado a llamar a sus clientes para decirle que, efectivamente, sus opiniones tan importantes, inteligentes, útiles, geniales y valiosas… serán premiadas y correspondidas, pagadas, digámoslo claramente, con una rebajita en la siguiente factura o abonando un plus de algo (dinero, producto, ventajas…)?
¿Tan difícil es imaginar que una acción de este tipo solo tiene un signo positivo? Las empresas pioneras, obviamente, se llevarían la gloria junto con nuevos clientes arrancados a la competencia. Pero esto no es lo relevante ni en lo que quiero incidir, porque posee esa caducidad tan propia del marketing.
Lo realmente nuevo del planteamiento es la tendencia a favor de una transparencia inédita, muy lejos de lo observado actualmente como práctica sospechosa e impresentable de hipocresía comercial. No es lo mismo ‘aprovechar’ los clientes que ‘aprovecharse’ de ellos.
Publicado en actualidad, empresa, ideas ajenas, ideas propias, innovación, marketing.
Etiquetado como "atención al cliente", cliente, encuestas, marketing, pepephone, satisfacción, telemarketing.
27/08/2011
Hace un mes salí hacia Estrasburgo con mi ejemplar de Hibridatur. Efecto Medici e innovación multidisciplinar en el Turismo bajo el brazo. Lo metí en la maleta porque no me quedaba otra, iba a leerlo sí o sí por varios motivos: 1) porque es un regalo del gran Amalio Rey que, además, apuntaló su obsequio con un “se lee de un tirón”; 2) porque salgo citado como colaborador; 3) porque habla de innovación y 4) porque trata de turismo, motivo de mi destino estrasburguense.


Este artículo –ya lo advierto– me ha salido de lo más hibridatur: para bien o no, es lo que hay. Y es lo suyo, creo.
El libro –como explica en sus primeras páginas– es el resultado de un estudio realizado por eMOTools y el Instituto Andaluz de Tecnología (IAT) con el fin de detectar oportunidades de innovación multidisciplinar en el sector del Turismo. Corto y pego de la página 9 la definición: La ‘Hibridación’ tiene que ver con la necesidad de innovar en la intersección de distintos sectores, mercados y áreas del conocimiento. En definitiva, la tendencia cada vez más acusada de mezclar cosas para generar nueva soluciones.


Parece fácil ser ‘homo hibridatur’ pero no. El hibridador no es sinónimo de caótico o asistemático. Incluso pienso que es lo contrario: conocer muy bien las reglas del juego del sistema para saltárselas, obviarlas o contradecirlas en el momento oportuno. La mayoría pensante no tiende a la hibridación porque siempre acecha la tendencia denominada ‘monocarril’, las llamadas rutinas vitales, en el sentido negativo del término.

Entendemos vulgarmente como actitud ‘monocarril’ ante la vida aquella pose intelectual próxima al ‘cerrilismo’. He mezclado semánticamente ambos términos de forma absolutamente intencionada al comprobar que el efecto de esa suma instalado en cualquier persona es una de las trabas que más condiciona el comportamiento. Muchos no entenderán nunca la hibridación porque no entienden por qué han de bajarse del burro de determinados actos, ideas y tics anquilosados en su cerebro.


Me leí el libro los primeros días no sin antes buscarme y encontrarme en la página 26: disimular lo contrario hubiera sido ridículo y no creíble. Allí aparezco con un mérito desproporcionado entre los expertos NO turísticos que participamos en el Estudio de Campo. Previamente se enumeran otros expertos, entidades y empresas, turísticas o no, que ha participado. En fin, un escaparate que no imaginaba.


Recomiendo leer el libro o, al menos, pasarse por el blog Hibridatur y seguir su twitter porque no es plan de que yo ahora aquí vuelque el contenido del libro. Mi estancia en Alsacia, en los alrededores de Estrasburgo, con un pie (literal) en Francia y otro en Alemania a lo largo del Rhin y la famosa línea Maginot, a un paso de Suiza y a dos de Luxemburgo, a tres de Holanda y Bélgica, fue el caldo de cultivo perfecto para una experiencia turística híbrida e innovadora.


Decálogo de conclusiones tras estas semanas de innovación hibridadora:
- Si vas a ver ciudades próximas, procura que se distingan claramente unas de la otras; evitarás el hartazgo de lo que sea: piedras, cerveza o pastelitos.
- Cuando vayas por la calle fíjate en los NO turistas y procura ver con sus ojos.
- Si te identificas demasiado con otros turistas, sal de ahí cuanto antes.
- Cuando vayas a un museo, que el precio no sea el criterio básico: vale más tu tiempo aplicado a algo valioso que cualquier tarifa.
- No dejes de ver cómo sale y se pone el sol: es un modo amable de aconsejar que aproveches la estancia al máximo, fuera de las camas hoteleras.
- Haz fotos, saca vídeo, tuitea… si quieres, pero pensando para qué o por qué: hacerlo así ayuda a observar nuestro entorno con una mirada de curiosidad sana.
- Lo que te parezca novedoso –personas, vestimenta, idioma, transporte, paisaje…– imagínatelo en la vida cotidiana en tu ciudad de origen: algo tuyo y de los tuyos podría mejorar con un poco de esfuerzo.
- Viaja en transporte no convencional (para ti): en barca si vives en zona no costera, en tren si resides en zonas sin raíles, en tranvía si vas en moto, en todo lo que quieras menos lo que te resulte normal en tu ciudad de origen.
- Lee algo (historia novelada, folleto de agencia de viaje, por ejemplo) de adonde vas pero no te lo creas todo ni demasiado. Tampoco leas literatura de tu tierra para evitar comparaciones estériles, ni de otros lugares de la geografía mundial, no sea que te arrepientas de la decisión vacacional que tomaste.
- Escribe tus sensaciones: anota a diario el batiburrillo de experiencias vistas, escuchadas e imaginadas para enriquecer el background hibridacional.



Conclusión: disfrutan de la vida aquellos que saben cómo mezclar sabores dispares. No hay mejor modelo de hibridación que el de la vida misma, el que cada uno modela a su medida sin darlo nunca por cerrado. Hibridación e innovación abierta se abrazan y acompañan para descubrir nuevas tierras. El año que viene te deseo unas vacaciones de lo más híbridas.
Más imágenes de mi hibridante viaje a la Alsacia: Estrasburgo: luz, agua, fuego, Arte y luz, Ruta del Vino, Reims, Friburgo, Vida en la calle, Instituciones Europeas,
Publicado en actualidad, conocimiento, ideas ajenas, ideas propias, innovación abierta.
Etiquetado como alsace, alsacia, Amalio Rey, comportamiento innovador, estrasburgo, france, francia, friburgo, hibridación, hibridatur, innovación abierta, innovation capacity, maginot, open innovation, strasbourg, turismo, viaje.
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