¡Frase breeeeeeeeve! Con tal énfasis enuncia el profesor Ángel Lafuente la 3ª regla de oro en su memorable y famoso curso “Cómo hablar siempre con eficacia”. Se me antoja que en esta recomendación existe un filón para la innovación más allá de la destreza por expresarse bien.
Queremos comunicar, no solo hablar, un deseo que implica enhebrar palabras con cierta fluidez. Comunicar es llegar al “contrario” y hacer touché en el cerebro ajeno con el objetivo de remover sus ideas y de mover su voluntad. La tarea es francamente complicada sea cual sea el receptor del mensaje. Los niños porque hacen –y hacen bien– lo que les da la gana al sentirse libres de prejuicios; los adolescentes porque en su ADN anida ‘llevar la contraria’ (lo de tener razón es otro discurso) y los adultos porque “sabemos tanto de todo” que nos pasamos de listos ante las ideas nuevas y ajenas, especialmente aquellas que, por lo que sea, nos incomodan.
Hace unos días estuve en un almuerzo-conferencia-coloquio protagonizado por el actual ministro de Industria, Energía y Turismo que entenderá, como usuario de Twitter, lo que aquí escribo. Su intervención resultó pragmática, sin esas florituras lingüísticas propias de otra época. Un moderador seleccionó y leyó las preguntas que más bien resultaron largas y complejas en su construcción gramatical (independientemente de si, además, eran o no interesantes y de actualidad). Las cuestiones recibieron puntuales respuestas por parte del conferenciante.
Como yo estaba allí, decidí tuitear el acontecimiento. Me las vi y me las deseé para hacerlo con suficiente profesionalidad. Excepto alguna frase algo más lapidaria, el resto de lo que allí se escuchó eran expresiones demasiado largas, con muchos paréntesis y entrecomillados, con aclaraciones, matices y diplomacias que dificultaban la tarea de comunicar de forma breve y clara; es decir, en “dos palabras”.
Aquella experiencia inspiró este artículo. Si la posibilidad de tuitear lo que sucede a nuestro alrededor la consideramos como una oportunidad, se impone la necesidad de innovar en los discursos, ponencias o conferencias. Ya escucho las quejas de los responsables de redactar discursos políticos y empresariales que, ni en broma, querrán cambiar sus métodos, hábitos y sistemas. Lógico y normal. Pero les recuerdo que en eso consiste la innovación, en estar dispuesto a sufrir la incomodidad del cambio siempre que tengamos la intuición de que lo nuevo será mejor.
Si yo, como ponente, soy consciente de que mis palabras serán tuiteadas, ¿por qué no elaborar mi discurso en formato tuits? Sí, ya sé que no es tan fácil, pero compensa. De esta manera comunico más con más gente porque son los mismos asistentes quienes actúan de altavoz con la cierta garantía que ofrece la precisión que marquen mis palabras.
Estoy seguro de que en poco tiempo los asesores políticos, empresariales, profesores y consultores de todo tipo, deberán revisar sus modelos de “discursear” en línea de lo que sugiero. De cómo se llame esta nueva técnica no tengo ni idea. Se me ocurren varios nombres y que cada cual opine (elija): tuitsferencias, tweetponencias, twitdiscursos… de momento, voy a intentar aplicarme el cuento en mis siguientes intervenciones. ¡Ah, creo que ya escribí de algo parecido! ¿Se acuerdan? “Prohibido tuitear o llevar el móvil encendido”
innovación › intuición › inspiración







3 Respuestas
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Muy buena idea la “tuitferencia”. Sobre todo para las políticas…donde el mensaje llegará instantáneo, claro y a mayor público.
Julio, siempre en la vanguardia de la innovación!
Esta claro que la gente del cine español no usa Twitter. ¡Por Dios, pero que discursos más soporíferos en los Goya! Y la gala, por momentos, de vergüenza ajea. Como diría Margaret Thatcher: “I want my money back”
Gracias, Alberto, por tu comentario que viene perfectamente a cuento con los Goya de ayer. Voy a tuitear tu cita de Margaret Thatcher que encaja muy bien.